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Simplicidad
por Juan C. Dürsteler [mensaje nº 35]

La simplicidad, que no la simpleza ni la simplificación es uno de los fundamentos del diseño visual de calidad. No se consigue, empero, sin trabajarla.

Hablar de la importancia de la simplicidad puede parecer superfluo por lo obvio. Pero es que el punto central de la simplicidad se basa en el entendimiento profundo del asunto que se quiere transmitir y en la capacidad de hacerlo de una forma clara y concisa, es decir en conseguir el máximo efecto de comunicación con la mínima energía.

Cuando se consigue resolver un problema de forma sencilla se suele hablar de una solución elegante. Los buenos diseños son los que están ahí, pero no se ven. Realizarlos sin recurrir a la simplicidad es impensable. Un diseño tortuoso y complicado, aunque resuelva la cuestión, requiere un exceso de energía y tiempo por parte del usuario. 

La simplicidad tiene algunas ventajas notables, que Mullet y Sano (ver artículo anterior) en el libro "Visual Design"  resumen en

  1. Proximidad (Approachability): Los diseños sencillos son más fáciles de entender y favorecen el uso inmediato y la exploración exhaustiva de los recursos del diseño.
  2. Reconocibilidad (Recognizability): Son más fácilmente reconocibles y asimilables ya que presentan menos información visual superflua.
  3. Inmediatez (Immediacy): Los diseños sencillos tienen un impacto mayor precisamente porque su facilidad de comprensión los hacen inmediatamente reconocibles con un esfuerzo consciente mínimo.
  4. Usabilidad: Por todo lo anterior suelen ser también los más fáciles de usar.

En el fondo estamos dando vueltas alrededor de lo mismo: los diseños realizadas de forma sencilla y elegante requieren un esfuerzo consciente de asimilación mínimo porque sintonizan con la forma natural de hacer del ser humano medio al que van destinadas. Por esta razón sirven eficazmente a nuestros propósitos, ya que se asimilan de forma elemental. Por el contrario los diseños complicados nos obligan a un esfuerzo de adaptación y a la incorporación de elementos que nos son artificiales y forzados.

La simplicidad, por otro lado, ni se inventa, ni es producto de la intuición, la simplicidad se fabrica. Parece obvio que el talento combinado con la larga experiencia hace que profesionales avezados produzcan de forma fácil resultados óptimos con un esfuerzo aparentemente bajo. 

No obstante, la simplicidad es el producto del trabajo consciente y dirigido a la minimización simultánea de las partes que constituyen el todo y las relaciones que existen entre ellas sin sacrificar en ningún momento la esencia, respetando las partes imprescindibles y eliminando lo superfluo.

De nuevo Mullet y Sano nos proponen tres principios:

  • Unidad: los distintos elementos de un diseño han de producir un todo coherente íntimamente ligado al propósito que se persigue
  • Refinado: Las partes se han de refinar con el objetivo de llevar la atención del usuario a sus aspectos esenciales eliminando lo accesorio o artificial.
  • Ajuste: de la solución al problema de comunicación que se pretende resolver.

La elegancia y el interés por la simplicidad tienen un componente cultural sobre todo en la vertiente artística del diseño (no creo que en la época barroca este artículo hubiera vendido una escoba). Sin embargo si pretendemos conjugar función y diseño de forma efectiva hoy en día no podemos ignorar la simplicidad. 

No es una casualidad que los símbolos más potentes suelan ser también los más sencillos.

Enlaces de este artículo:

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