| InfoVis.net>Revista>mensaje nº 133 | Publicado 2003-11-10 |
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Recientemente he tenido la oportunidad de participar en unas jornadas sobre accesibilidad. La mayoría de las ponencias resultaron ser muy interesantes y los ponentes convincentes oradores, pero no pude dejar de meditar sobre el hecho de que la mayoría de las presentaciones (en PowerPoint, por supuesto) se reducían a una serie de transparencias consistentes en simples listas de puntos a tratar. PowerPoint se ha convertido en el estándar para realizar presentaciones, generando un mercado no despreciable de proyectores y accesorios para las mismas. El estilo que favorece este producto convierte en algo muy simple crear una presentación en muy poco tiempo, simplemente rellenando el formato más popular y el que ofrece por defecto: una lista de puntos. Por ello mismo las transparencias con un lista de puntos que el presentador utiliza como base para su explicación (o en muchos casos como la explicación misma, limitándose a recitar lo expuesto) se han vuelto tan ubicuas como el propio PowerPoint. Edward Tufte ha editado recientemente un articulo en Wired titulado “PowePoint is Evil” (PowerPoint es el diablo) en el cual pone de manifiesto algunos de los problemas del estilo que PowerPoint promociona. Resumiremos aquí algunos de ellos (en forma de lista de puntos!).
Tufte concluye que en vez de sustentar la presentación, PowerPoint la suplanta. Quizá aseveraciones un poco extremas pero no exentas de verdad en muchos casos. Por su parte David Byrne escribe en el mismo número de Wired bajo el titulo “Learning to love PowerPoint” (Aprendiendo a amar a PowerPoint), incidiendo en las posibilidades artísticas del mismo y mostrando algunas de sus creaciones, realizadas solamente con los elementos que proporciona el programa. Hay algo que me parece obvio: PowerPoint es simplemente una herramienta. Su configuración básica permite crear rápidamente malas presentaciones y rellenar el espacio falto de contenido con listas de puntos, pero ello no quiere decir que no se puedan hacer excelentes presentaciones con esta herramienta, llenas de contenido. Las listas de puntos por si solas no son un problema. Sin embargo una presentación llena de ellas, en la que la información no está en su contexto puede resultar anodina y confusa para la audiencia. El punto clave de una presentación es el contenido. Como dice Tufte, “si tus números son aburridos es que has escogido los números equivocados”. Si el contenido no tiene interés o está mal estructurado, animarlo o ponerlo en colores no lo va a arreglar. Otro aspecto habitual en las presentaciones es la falta de interactividad con la audiencia. Los ponentes a menudo lanzamos un mensaje complejo que es difícil de asimilar en el poco tiempo disponible, que la audiencia no puede rebatir o comentar.
Nuestra propuesta es la que ya comentábamos en el número 119: destilar los conceptos de cada transparencia y construir un gráfico que los represente. El resultado es más trabajoso de conseguir y las reglas para llegar a él son menos claras pero tiene, a mi entender, tres ventajas (y volvemos a las listas de puntos):
Finalmente mi experiencia es que siempre que se interactúa con el público, solicitándole y proporcionándole ejemplos cercanos a su experiencia, la presentación es más viva y el mensaje llega mejor. En definitiva nuestra respuesta a la pregunta con que comenzábamos este escrito es que PowerPoint no es ni anatema ni bendición, sólo es una herramienta en la que es fácil hacer malas presentaciones, pero que bien utilizada puede servir para comunicar el mensaje. Que se haga bien o mal depende de nosotros. Un ensayo interesante que resume la opinión de Tufte es The Cognitive Style of PowerPoint editado por Graphic Press Enlaces de este artículo:
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