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La Ecología del Color
por James A. Wise [mensaje nº 129]

En el número 126 nos preguntábamos ¿existe el color?. Ahora, dos revisiones de la literatura que cubren cien años de investigación sobre el factor humano del color revelan cómo y dónde existe el color, y cómo los diseñadores pueden hacer mejor uso de él en entornos reales y simulados. Jim Wise nos lo explica.

James A. Wise, PhD, se dedica a la sicología matemática y experimental. Es CEO de Integral*Visuals, Inc., una consultora en Richland WA, USA que se especializa en el factor humano (ergonomía y diseño centrado en el usuario) de la Visualización de Información. Fue Jefe de Proyecto del sistema de visualización de texto SPIRE  desarrollado en el Pacific Northwest National Laboratory entre 1994 y 1996 y ganador del premio R&D 100 en 1996. Tiene una larga trayectoria de investigación sobre el diseño de sistemas, displays y entornos de información. Sus investigaciones recientes se han centrado en sistemas de información para el diseño y desarrollo sostenible, la participación ciudadana vía comunicaciones basadas en la web y las estrategias de diseño basadas en la teoría fractal.

Jim ve la Visualización de Información “como una capacidad fundacional y un tema recurrente en el progreso de la civilización humana y una fuerza de desarrollo para su futuro”. Ha sido tan amable de contribuir a Inf@Vis! con este interesante artículo.

Wise & Wise (1988) revisaron más de 200 estudios sobre el color en el diseño ambiental para un informe técnico para la NASA con el objetivo de esclarecer si el uso consciente del color en el diseño de interiores para hábitats aislados y confinados (como estaciones espaciales y bases lunares) podría demostrar científicamente que tenía algún efecto en el rendimiento, la salud o el bienestar humano.

Resultó haber un compendio científico sobre el color muy diferente de su mitología popular, que presenta a los colores como “entidades activas” unitarias que influyen sobre la percepción y las emociones humanas de forma directa y predecible. Pero en la mayoría de los casos estudiados, la tonalidad del color por si sola era menos importante que la jerarquía de relaciones de luminosidad o de saturación en objetos de color contra sus fondos en una escena. En términos de evidencia empírica, el color no era un fenómeno tan simple y unitario como muchos diseñadores y teóricos habían propuesto.

La revisión estableció tres conclusiones definitivas a partir de la literatura

  • Primero, con las posibles y estrechas excepciones para el “rojo” y quizás para el “azul”, no había enlaces indefectibles entre los colores ambientales puros y los estados emocionales o de apreciación de la gente. De hecho, el hábito en aquel tiempo de especificar los colores sobre la base de su posesión de ciertos “principios activos” que afectarían directamente a la gente en realidad confundieron e inhibieron un uso más efectivo y creativo del color en el diseño. 

  • Segundo, habían efectos perceptivos y de comportamiento demostrables y replicables en los colores que justificaban su uso en el diseño de interiores. Dichos efectos parecían deberse mayoritariamente a contrastes visuales sucesivos y simultáneos en los componentes de brillo y saturación de los colores tal como aparecían en el entorno diseñado. Así, era el uso “contextual” del color en el entorno el que producía efectos en sus ocupantes y no el color explícito de ciertos elementos por si mismos.

  • Tercero, el color necesitaba ser investigado “en su contexto”. Ello significa que la investigación científica de la ergonomía del color no se veía en general ayudada por estudios altamente reduccionistas que invocaban “experimentos de sobremesa” con fichas y muestras de colores para llegar a generalizaciones globales sobre la percepción del color. 

Los siguientes 15 años de investigación han procedido siguiendo este camino contextual a medida que los investigadores se han enrolado en las neurociencias y la sicología evolutiva, y se han ampliado los estudios sobre el color para incorporar los Patrones y las Texturas

Éstos han mostrado que con sólo la pura neuroanatomía del sistema ojo-cerebro no hay medios por los cuales cualquier propiedad espectral “primaria” de la luz incida directamente sobre los procesos centrales del cerebro. El ojo no es como una cámara, registrando una realidad objetiva en color para el discernimiento de un observador interno, mental. Incluso la experiencia de un color del que se ha hablado mucho, el Amarillo, se ha demostrado definitivamente como el resultado del procesado en el córtex cerebral y no en la retina del ojo, donde cualquier propiedad primaria debiera recibirse primero. (Nijhawan & Khurana, l997).

El punto de vista emergente sobre el color, llamado ecológico o representativo (enactive) por sus proponentes (Thompson, Palacios, &Varela, l992), caracteriza ahora al color desde la perspectiva de un organismo contenido en un entorno visualmente rico. Así, se pregunta cuál es el propósito de la visión en color en un contexto particular y cómo las estructuras neurales y sensoriales del organismo lo han equipado para procesar las distintas clases de reflectancias espectrales (para cada color) y dispersiones de la luz que producen información relevante para el color para guiar los comportamientos que éste muestra. 

En esta perspectiva, el color se convierte en una propiedad del “bucle de información” que soporta el comportamiento ecológicamente guiado de un organismo, y el color no reside exclusivamente y distintamente ni en el mundo ni en el organismo.

Aquí el color no se convierte en un fenómeno objetivo o subjetivo sino que más bien es activado en el comportamiento visual de los organismos buscándose la vida en sus hábitats relevantes. El color es ahora un fenómeno informacional peculiar de los circuitos que enlazan entorno y organismo.

Las características perceptivas de esos hábitats están únicamente disponibles para los organismos en sus diversas formas de interacción y por ello los mecanismos y los usos de la visión en color revelan una sorprendente variedad de forma y detalle, siempre constreñidos por imperativos ambientales fundamentales. Las abejas y los pichones “ven” colores inaccesibles a los humanos, pero esos colores pueden servir sólo como influencias del comportamiento de navegación y forrajeo y no como percepciones de color como tal, puesto que son solamente relevantes para patrones explícitos de comportamiento. 

A su vez, los animales influyen influyen, a través de su asistencia en el forrajeo y la fertilización, las clases de colores que las flores o frutos mostrarán. Cualquiera de los 14 procesos físicos que producen color (véase Nassau, 1980), y el uso que un organismo hace de él, se combinan en una elaborada danza vital que activa el color en una forma, lugar y tiempo que sólo tiene sentido dentro de los circuitos informacionales. El color, como el espacio, el tiempo y la luz, es relativo al organismo que actúa. 

¿Que implicaciones tiene todo esto para el uso del color en la Visualización de Información? Sugiere predominantemente que los usos más efectivos del color son aquellos que reiteran la importancia informativa que el color, los patrones y la textura han ejercido sobre la supervivencia de nuestra especie sobre eones de tiempo geológico. Si estamos sintonizados visualmente a ciertos patrones de espacio, forma, textura y color ambiental como formas de guiar o regular nuestro comportamiento, entonces esas mismas características debieran ser relevantes en simulaciones exitosas de entornos informativos como visualizaciones de información. 

Estos tipos de influencias recurrentes se podrían denominar “sabiduría ancestral” (ancient wisdom) que viaja con nosotros, enlazada biológicamente en la química de las lágrimas (humores acuosos) de nuestros ojos, la tricromía de nuestros conos retinales, y el curioso cambio a una codificación neural post-retinal en tres canales de procesos opuestos. Esto último se considera ahora como una adaptación a los paisajes terrestres (Shepherd 1992) y a la necesidad de mantener invariantes la razón de luminosidad bajo todas las condiciones de variación anual y diurna d la luz solar. Las peculiaridades del color no se revelan en la forma en que los entornos cambian para nosotros, sino en los modos en que las variables relevantes para la supervivencia permanecen iguales.

Esta es una nueva forma de ver la visión del color y sus aplicaciones, acorde con nuestra moderna visión relativista del universo. Sus implicaciones prácticas serán exploradas en otro artículo de Infovis.


Introducción y traducción del Inglés por Juan C. Dürsteler.

Referencias:

  • Nassau, Kurt (l980) The Causes of Color. Scientific American, October, 124-154.
  • Nijhawan, Romi & Khurana, Beena (1997) Visual decomposition of color through motion extrapolation. Nature, March 6.
  • Shephard, Roger (1992) The perceptual organization of colors: An adaptation to regularities of the terrestrial world? In J. Barkow, L. Cosmides and J. Tooby, (Eds.) The Adapted Mind: Evolutionary Psychology and the Generation of Culture. pp 495-532, New York and Oxford, Oxford University Press.
  • Thompson, Evan, Palacios, Adrian, & Varela, Francisco (1992) Ways of coloring: Comparative color vision as a case study for cognitive science. Behavioral and Brain Sciences 15, 1-74.
  • Wise, Barbara K., & Wise, James A. (1988) The Human Factors of Color in Environmental Design: A Critical Review. Final NASA Contractor Report No. NCC 2-404, March. 
  • Wise, James A. (2003) The Ecologic of Colors, Patterns and Textures in Real and Simulated Environments: A Review and Synthesis of the Literature. (in prep).

Enlaces de este artículo:

http://www.pnl.gov/infoviz/spire/spire.html   SPIRE
http://www.pnl.gov   Pacific Northwest National Laboratory
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