| InfoVis.net>Revista>mensaje nº 120 | Publicado 2003-05-05 |
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Cuando uno piensa en el lenguaje inmediatamente se asocia a la idea del lenguaje hablado o escrito. Un lenguaje de carácter secuencial, en el que unos símbolos suceden a los otros y la narración que construyen hace aflorar conceptos y/o emociones en nuestra mente. No hay que extrañarse, según uno de mis diccionarios preferidos el lenguaje visual no existe, no hay forma de encontrar dicho térmico. Pero sí que existe. Con sintaxis más o menos conocidas y gramáticas peor o mejor articuladas, llevamos milenios usando los gráficos para expresar ideas y conceptos. Lenguajes de carácter no secuencial en el que los dibujos transmiten igualmente, pero a veces de forma mucho más efectiva, ideas y hasta sentimientos. En realidad podemos pensar en múltiples lenguajes visuales con reglas sintácticas muy específicas. Por ejemplo las señales de tráfico o la notación musical proporcionan un lenguaje visual con significados muy precisos. También podemos hablar del lenguaje visual de los gráficos de barras y de pastel o de los organigramas corporativos.
En el caso de las señales de tráfico, la combinación de unas pocas figuras geométricas como triángulos, cuadrados y círculos con unos colores determinados y un conjunto de símbolos como coches, bicicletas y hasta bocinas permite expresar un amplio surtido de prohibiciones, obligaciones y situaciones de tráfico de forma inequívoca y perceptible en fracciones de segundo. El lenguaje escrito, aunque pueda parecer extraño, es un caso particular de lenguaje visual. Tanto en su vertiente ideográfica como en la fonética un conjunto limitado de símbolos las letras o los ideogramas junto con unas reglas especificas tales como la sintaxis, la gramática y la ortografía permiten interpretar y reconstruir los sonidos del lenguaje hablado y, por tanto, su significado. Así pues el lenguaje escrito es sólo uno entre muchos ejemplos de lenguajes visuales posibles. Yuri Engelhardt en su magnífica tesis doctoral titulada “The Language of Graphics”* considera que las representaciones gráficas pueden y de hecho usan su propio lenguaje individual y muy específico. Ello significa que el diseño de una representación gráfica implica no sólo la traducción de la información a un lenguaje visual sino la propia creación de ese lenguaje específico. A pesar de la multiplicidad de lenguajes visuales posibles, según Engelhardt todos ellos parecen tener muchos principios generales en común. El objetivo de su tesis es explorar esos principios, de los que hablaremos más en detalle en artículos futuros. Ningún lenguaje, ni siquiera el visual, es autoexplicativo. Esto es, cualquier lenguaje nos ha de ser explicado y hemos de aprenderlo. El hablado lo aprendemos lentamente a partir de las experiencias de nuestro entorno y de la interacción con nuestros semejantes. El escrito se aprende de forma sistemática en el colegio y los demás lenguajes visuales han de ser explicados o bien basarse en un conjunto de conocimientos previos fácilmente representables gráficamente. Al igual que el lenguaje hablado puede ser farragoso, complicado y oscuro o un modelo de elocuencia, el lenguaje visual puede ser igualmente confuso y poco claro o extremadamente inteligible. Ello implica que existe también la retórica visual, la técnica de expresarse con un lenguaje visual de forma efectiva. Y ¿cuál es la aplicación práctica de todo esto?. Por ejemplo, cuando estamos construyendo una presentación gráfica no podemos olvidar que
En definitiva, el lenguaje visual está por doquiera que vayamos y nos rodea continuamente. Conocer las reglas generales de que participan todos ellos nos puede ayudar a expresarnos visualmente con mayor efectividad de lo que estamos acostumbrados. * Yuri Engelhardt, "The Language of Graphics“ ISBN 90-5776-089-4 Institute for Logic, Language and Computation Dissertation series 2002-03 Universiteit van Amsterdam. Enlaces de este artículo:
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